Esta Semana Santa, un mes antes de que se cumpla un año de su elección, el Papa León XIV ha realizado dos de los nombramientos más importantes de su pontificado. Sin hacer ruido, sin atender a cuotas ideológicas o territoriales, ha dado forma al equipo más cercano para el gobierno de la Iglesia.
Y es que el cargo de sustituto de la Secretaría de Estado, para el que ha sido nombrado Paolo Rudelli, comporta la autoridad de un número tres en el Vaticano. Un puesto ejecutivo en el que solo debe dar cuenta al cardenal Parolin y al Papa.
Rudelli presenta el perfil clásico de un diplomático de la Santa Sede. Licenciado en Teología Moral y Derecho Canónico, se ha formado en la Pontificia Academia Eclesiástica, donde estudian los futuros nuncios y diplomáticos de la Santa Sede. Allí aprenden idiomas, protocolo y derecho canónico para gestionar las relaciones con autoridades de otros países.
Una vez terminados los estudios, Rudelli ha trabajado en las nunciaturas de Ecuador y Polonia, así como en la propia Secretaría de Estado. Y después ha sido nuncio en Zimbawe y Colombia, cargo que ocupaba hasta la fecha.
Toda esta preparación es importante para una persona que debe hacerse cargo de algunos de los asuntos más delicados que llegan a la Santa Sede. De hecho, el de Sustituto de la Secretaría de Estado es el cargo que, antes de Peña Parra, desempeñaba el cardenal Becciu. Este último fue condenado por malversación de fondos en el año 2023 y a día de hoy aún sigue defendiendo su inocencia en los tribunales vaticanos.
Entre los asuntos que tuvo que afrontar Becciu, y que después le pasaron factura, estuvieron inversiones de fondos del Vaticano o la gestión para la liberación de una religiosa secuestrada en África. Son cuestiones que, en condiciones normales, se gestionan con discreción... siempre que alguien no sospeche de malversación de fondos.
Por todo ello, el nombramiento de Rudelli supone un hito importante en el pontificado de León XIV. Elige a una persona en la que confía, a la que ha conocido antes de ser Papa y que hasta la fecha ha dado muestras de buena gestión.
Pero el suyo no es el único nombramiento importante en esta Semana Santa. El Papa también ha nombrado a Peter Rajic prefecto de la Casa Pontificia. Es la persona que gestiona la agenda pública del Papa, sus encuentros con autoridades y grupos religiosos o civiles. Es un engranaje importante con otros dicasterios de la Curia, determinante a la hora de abrir o cerrar la puerta del Palacio Apostólico.
El puesto permanecía vacante, con monseñor Sapienza de interino, desde que el Papa Francisco despidió a Georg Ganswein, el secretario personal del Papa Benedicto. Fue un momento de gran tensión en el Vaticano, sin ninguna química entre dos personas de carácteres muy distintos.
Peter Rajic era, hasta la fecha, nuncio del Vaticano en Italia. Un puesto en el que mantuvo una estrecha relación con el entonces cardenal Prevost a la hora de nombrar obispos en Italia.
Casi once meses después de su elección, el Papa León XIV confirma el objetivo con el que se presentó en el balcón de San Pedro: Unidad. Y es que los nombramientos que ha realizado hasta la fecha coinciden en un perfil de personas discretas, conciliadoras y que hasta la fecha le han demostrado personalmente su eficacia. Nada de improvisación en un equipo diseñado con mucha prudencia y con el que trata de integrar todas las sensibilidades de la Iglesia Católica. Que no son pocas.
Desde Roma, Antonio Olivié




















