En su catequesis semanal, el papa León recuerda que la santidad no es un privilegio, sino una vocación universal
RESUMEN DE LA CATEQUESIS PÚBLICA SEMANAL:
Queridos hermanos y hermanas:
Reflexionamos hoy sobre el capítulo quinto de la Constitución dogmática Lumen gentium, dedicado a la universal vocación a la santidad en la Iglesia, y sobre el capítulo sexto, acerca de la vida consagrada.
Según este documento conciliar, la santidad no es un privilegio de unos pocos, sino un don que compromete a todos los bautizados a vivir la plenitud del amor a Dios y a los hermanos. Los sacramentos, especialmente la Eucaristía, son el alimento para crecer en una vida santa, es decir, para configurarse con Cristo en virtud del Espíritu Santo.
Las personas consagradas dan testimonio de esta vocación universal a la santidad de toda la
Iglesia siguiendo a Cristo de modo radical, por medio de los consejos evangélicos de castidad,
pobreza y obediencia. La pobreza expresa la confianza total en la Providencia, la obediencia tiene como modelo el don de sí que Cristo hizo al Padre y la castidad es la entrega de un corazón íntegro y puro en el amor, al servicio de Dios y de su Iglesia.
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Pidamos a la Bienaventurada
Virgen María, Reina de todos los Santos, que interceda por nosotros, para que seamos perseverantes y alegres en el camino de la santidad, dando testimonio cada día de nuestra fe en Cristo resucitado.
Que Dios los bendiga. Muchas gracias.
















