Los gestos que nadie esperaba, las imágenes de un papa devolviendo la vida a Francia

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29/09/2026
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Daniel del Castillo González

Tal vez la primera sorpresa del papa en Francia fue esta que ven: cómo lo recibe un país laico y que acaba de aprobar la ley de la eutanasia.

Pero la realidad es muy distinta. En 4 días de visita de León XIV, Francia ha movilizado en 3 puntos clave, París, Lourdes y Metz a más de un millón de personas.

18 años después de la visita de Benedicto XVI a la ciudad del amor, el papa León deja nuevas imágenes, como la de un pontífice hablando en la UNESCO siendo el último en hacerlo Juan Pablo II en 1980.

Pero León XIV no ha ido a Francia para tejer relaciones con el estado, sino para darle vida a una iglesia que se ha entregado por completo.

Robert Prevost es de lágrima fácil ante una gran magnitud de fieles.

Hubo tiempo para resucitar un pasado de Francia que tiene que permanecer siempre en el presente. La vigilia en el Stade de France con los jóvenes contó con una representación en la que aparecieron más de 60 santos del país galo para conectar con 80.000 jóvenes presentes.

Juana de Arco, El cura de Ars, Santa Bernardette, Vicente de Paúl... todos ellos demostraron que ahora, los santos de Francia, son los jóvenes.

Incluso Luis IX de Francia llevó la corona de espinas como lo hizo en el siglo XII.

En Notre Dame León XIV pudo venerar esta reliquia que ven, una de las más importantes presentes en el país.

Uno de los componentes que ha enriquecido los eventos y amenizado las esperas ha sido la música. Hubo coros de todos los tipos, númerosos, profesionales, y algunos más dulces...

Allá donde la Virgen se apareció en 18 ocasiones a Bernardette Soubirous, apareció León XIV para encontrase con los enfermos. La misma Bernardette estaba representada para cantarle al pastor univeral.

Y fue el propio papa quien presidió la procesión de las velas junto a 50.000 fieles.

Aunque León XIV no tenga puntos de ATP ni vaya a participar en el Roland Garros, el alcalde de la ciudad de Metz le hizo un regalo muy especial. Una raqueta de tenis de madera.

Tal como ocurrió en su viaje a España, el papa ejerció de piloto reserva de su propio vuelo cuando el comandante le invitó a cabina.

Y quizá la mejor imagen que deja este viaje no sea una plaza llena, una catedral o un gesto del Papa, sino la respuesta de Francia a su presencia: más de un millón de personas movilizadas en cuatro días, miles de jóvenes, enfermos y familias.

Una Francia mucho más viva de lo que muchos esperaban.

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