Carmen Álvarez Cuadrado
«Ninguna noticia». Son palabras a Rome Reports de Laura Sgrò, la abogada de 5 de las víctimas de Marko Rupnik, un año después de que se formase el tribunal que juzgará al exjesuita, acusado de abusar de una veintena de monjas.
El 9 de octubre de 2025, el Vaticano comunicó que ya se habían elegido a los jueces. Se sabe que son cinco personas, mujeres y clérigos, pero se desconoce la proporción.
Lo que sí es público es que ningún miembro del tribunal pertenece a la Doctrina de la Fe ni tiene un cargo en la Curia. El objetivo, dijeron, es que sea un proceso justo y autónomo.
Pero lo que señalan algunas víctimas es que una cosa es evitar que se hagan juicios paralelos y otra es la absoluta oscuridad. Lo que denuncia la abogada Sgrò es la comunicación cero sobre el desarrollo del proceso.
LAURA SGRÒ, Abogada de cinco víctimas de Rupnik
No, la Doctrina de la Fe nunca me ha respondido. Nunca ha respondido a mis peticiones ni a mis llamadas telefónicas.
Y las solicitudes, desde luego, pueden no ser aceptadas, pero la respuesta de desestimación debe llegar de todos modos y debe estar motivada. Yo encuentro todo esto realmente fuera de toda lógica jurídica y quiero dejar claro que no pretendo que el proceso sea público.
Pero una cosa es la confidencialidad y otra es la protección de esos derechos mínimos que pertenecen al derecho natural, como el derecho de defensa y el derecho a un juicio justo, que en la oscuridad —lo reitero— no se puede garantizar de ninguna manera.
Sin noticias oficiales sobre el Caso Rupnik en casi un año, en julio, la sala de prensa del Vaticano desmintió la información que circulaba en algunos medios, que decía que el juicio había terminado y el exjesuita había sido absuelto.
La evaluación del caso aún está en curso y el tribunal está examinando la documentación procedente de las diócesis implicadas, de los jesuitas, de las partes interesadas y de la prensa.
Esta es la única información que existe sobre el caso y es que, según la Santa Sede, estaría en fase preliminar, con los jueces recabando aún lo necesario.
Mientras, hay incógnitas sin despejar. No se sabe si Rupnik cuenta con un abogado, si tiene que ir a declarar, ni cómo se desarrollará el proceso. Tampoco, si las víctimas estarán en el juicio.
Hasta 2024, todas eran anónimas. Dos de ellas salieron a la luz en esta rueda de prensa. Estas exmonjas, Mirjam y Gloria, denunciaron por primera vez públicamente a Rupnik y contaron su historia.
GLORIA BRANCIANI, Exmonja
Escapé porque quería morir, porque no quería sentir más este dolor ni la pérdida total de mi identidad. Ya no era capaz de pensar nada positivo para mi vida. Además, huí pensando que así Rupnik recapacitaría y liberaría a todas las hermanas que, como yo, mantenían relaciones sexuales con él.
A Rupnik se le acusa de cometer abusos sexuales, psicológicos, de poder y de conciencia a mujeres adultas, sobre todo, religiosas de la Comunidad de Loyola en Eslovenia, país natal del teólogo. De ser condenado, la máxima pena que se le aplicaría sería la reducción al estado laical.
Otro dato es que no es la primera vez que Rupnik se somete a un juicio canónico. En 2020, fue condenado por un delito de absolución del cómplice, es decir, por absolver en confesión a una persona con la que él mismo había cometido un pecado de índole sexual.
Además del juicio en la Doctrina de la Fe, los jesuitas hicieron también su proceso interno. En 2023, y tras examinar fuentes y hechos, dijeron lo siguiente:
«Consideramos muy alto el grado de credibilidad de lo denunciado o testimoniado»
Le pusieron medidas cautelares. No las cumplió, así que la Compañía le aplicó la máxima pena por saltarse el voto de obediencia: la expulsión. Rupnik ni siquiera apeló.
Sobre su paradero, no está claro. Se llegó a decir que había vuelto a Eslovenia, aunque, según un reportaje de 'La Bussola Quotidiana' de enero de 2025, Rupnik estaría en un convento en Casperia, en el centro de Italia, junto a algunos de sus fieles seguidores.
Rupnik llegó a ser uno de los artistas más cotizados del mundo. Santuarios, catedrales y hasta el propio Vaticano quería sus obras. Y su espiritualidad se convirtió en una forma de vida para muchos. De estar en la cúspide de la fama a esperar una sentencia que determinará su futuro, ahora sí, de manera oficial, dentro de la Iglesia.
















