James Haupt
Apenas dos semanas después del fallido intento de ejecución de Christa Pike en Tennessee, se conmemora el Día Mundial contra la Pena de Muerte.
Esta jornada internacional se celebra cada 10 de octubre desde 2003 y tiene como objetivo promover cada año los esfuerzos para abolir la pena capital.
Christa Pike sobrevivió a dos dosis de inyección letal durante una ejecución fallida el pasado 30 de septiembre, pero quedó en estado crítico.
Recuperó la consciencia el martes 6 de octubre, aunque su futuro sigue siendo incierto.
A la luz de este incidente, el Día Mundial contra la Pena de Muerte cobra especial relevancia, particularmente dentro de la comunidad católica.
Los tres obispos católicos de Tennessee emitieron un comunicado en el que reafirmaron la oposición de la Iglesia Católica esta pena y pidieron que su condena fuera conmutada por cadena perpetua.
Organizaciones católicas de todo Estados Unidos se han unido a la comunidad católica de Tennessee para alzar la voz contra la pena capital y contra la ejecución prevista de Christa Pike.
KRISANNE VAILLANCOURT MURPHY
Directora ejecutiva de Catholic Mobilizing Network
El tema de la pena de muerte es algo que hemos seguido desde nuestros comienzos. Nos centramos en Estados Unidos. Aproximadamente la mitad de los estados del país mantienen la pena de muerte. Y, más recientemente, destaca el caso de la ejecución de Christa Pike en el estado de Tennessee. Es algo sin precedentes y, por eso, ha llamado la atención, creo, no solo en Estados Unidos, sino en todo el mundo.
En un comunicado publicado el 8 de octubre, Catholic Mobilizing Network destacó la creciente importancia del Día Mundial contra la Pena de Muerte.
Renovando su llamamiento a abolir la pena capital y señalando el fallido intento de ejecución de Christa Pike como un ejemplo de sus consecuencias.
Comunicado de Catholic Mobilizing Network
Estos nueve días de oración previos al Día Mundial contra la Pena de Muerte ponen en el centro no solo a las personas condenadas a muerte, sino también a las víctimas de la violencia y sus familias, a quienes trabajan en las prisiones y tienen la responsabilidad de ejecutar en nombre del Estado, y a las comunidades que se ven afectadas de manera desproporcionada por la pena capital.
Para los líderes católicos, el Día Mundial contra la Pena de Muerte es una oportunidad para reafirmar la oposición de la Iglesia a la pena capital y pedir a los legisladores de todo el mundo que busquen alternativas.















