Carolina Bellocq
Ante la Virgen que se encuentra en Florida rezaron, en 1825, los llamados 33 orientales que cooperarían a la independencia de Uruguay. Pero incluso desde antes que eso la pequeña talla de la Virgen estaba ligada a la historia del país, que hoy es patrona de la patria y lleva el título de la Virgen de los Treinta y Tres.
León XIV quiso peregrinar hacia ese lugar precisamente el día de su fiesta, y celebrar allí la misa de clausura de su viaje a Uruguay.
En la homilía habló directamente a quienes viven en una sociedad que se ha ido secularizando. Mencionó a las beatas uruguayas y rindió un pequeño homenaje a las mujeres que han transmitido la fe en el país.
Les dio las gracias y las impulsó a no perder la esperanza cuando parece que no hay frutos. Y les hizo un pedido:
LEÓN XIV
Madres y abuelas: ¡no se cansen de transmitir la fe! Prediquen con su vida y también con su palabra. Insistan en la oración, en el amor y en la esperanza: insistan a tiempo y a destiempo. Háganlo con paciencia, sin dureza y sin desaliento. Aunque sus seres queridos parezcan lejos de Dios, sigan poniéndolos ante Él. No dejen de bendecir, de acompañar, de recordarles con sencillez aquello que un día recibieron. Hay puertas que ustedes no pueden abrir, pero Dios sí.
También habló a los hombres, esenciales en la transmisión de la fe.
LEÓN XIV
Sus hijos y nietos necesitan ver que la fe ocupa un lugar verdadero en la vida de los hombres de su familia. Imiten a San José, quien asumió la tarea de formar a Jesús llevándolo al templo, enseñándole a trabajar de manera honesta y mostrándole que Dios debe ocupar el primer lugar en la vida de la persona. Queridos padres y abuelos, los jóvenes necesitan verlos rezar, acercarse a los sacramentos, tratar con respeto a sus esposas, pedir perdón y vivir con honradez también cuando hacerlo exige sacrificios.
En un país donde lo religioso se considera algo privado, los católicos tienen el riesgo de ser pasivos a la hora de anunciar a Jesús. Por eso el papa impulsó a la acción, imitando a María, que “salió sin demora”.
LEÓN XIV
No podemos esperar siempre a que quienes se han alejado regresen por sí solos. Uruguay: ¡hay que ponerse en camino! ¡Hay que entrar de nuevo en las casas, acercarse a las personas, escuchar sus preguntas y llevarles a Cristo! Cada uno sabe hacia quién debe dar ese paso: quizá un hijo, un amigo, un vecino, alguien que dejó de creer hace mucho tiempo o que nunca ha tenido cerca a una persona que le hablara de Dios.
Antes de terminar la homilía, León XIV hizo lo mismo que san Juan Pablo II en su anterior visita: consagrar el país a la Virgen de los Treinta y Tres, capitana y guía.
Luego le entregó la rosa de oro, símbolo de que los cristianos están llamados a a amar a Cristo como Ella lo amó, a llevarlo a los demás como Ella lo llevó.



















