Daniel del Castillo González
León XIV aterrizó por segunda vez durante su pontificado en la tierra de San Francisco de Asis.
El papa llegó a las 08:28 de la mañana y fue recibido por las autoridades locales y el obispo la Diócesis de Asís – Nocera y las vecinas de la provincia.
El hijo de San Agustín mantuvo un largo encuentro con los fieles que le esperaban en la plaza de la Basílica de Santa María de los Ángeles, donde el poverelo descubrió su vocación en la porciúcula.
El encuentro sucede para clausurar el evento Go!, en el que han participado más de 2000 personas de las juventudes franciscanas.
Fue entonces el momento de los jóvenes, quienes se dirigieron a León XIV como papa de la iglesia, pero también como director espiritual.
Al papa le preguntaron por la espiritualidad franciscana, cómo ser un buen cristiano, y también, por su camino vocacional.
LEÓN XIV
Alejarse de la cultura del poder y construir la civilización del amor no se comprende ni se acepta de inmediato. De san Francisco, sin embargo, aprendan la radicalidad evangélica, que es lo contrario del fundamentalismo: no los vuelve ciegos ni violentos, sino sensibles, atentos, siempre en el seguimiento de Jesús y, por tanto, humildes y acogiendo a todos. No es fácil, pero da mucha alegría.
Giovanni es un joven que vino desde Bolonia y que le presentó a León XIV los miedos y la falta de decisión que tienen hoy en dia. Y para ayudarle, el papa puso de ejemplo su propia vocación.
LEÓN XIV
Por mi propia experiencia, puedo decir que el Señor nunca me ha abandonado: siempre me ha acompañado, regalándome incluso personas con quienes caminar juntos. Así, en mi vocación a ser sacerdote, miembro de la comunidad agustina y misionero, he encontrado una especie de luz que me ha guiado hasta hoy, hasta el momento en que tuve que decir “sí” a una llamada muy especial: la de ser Papa
Antes de dirigirse al interior de la Basílica para celebrar la misa, el papa entregó a los jóvenes a la Iglesia como madre.
Reconociendo los errores y crisis pero sabiendo que es el lugar donde Cristo actúa, pero siempre curando sus heridas.


















