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Rome Reports

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Papa en Ciudadela de los Focolares: “En las relaciones hay que ser sinceros, francos, sin miedo ni pereza”


Después de su visita a Nomadelfia, el Papa Francisco se dirigió hacia otra comunidad basada en la fraternidad universal: Loppiano. Se trata de una ciudadela internacional del Movimiento de los Focolares, fundado por Chiara Lubich a mediados del siglo XX. 

Nada más llegar, el Papa entró en el Santuario de María Theotokos. Este cuadro fue pintado por un hindú. Es muy simbólico porque evoca la fraternidad universal que promueve el movimiento de los Focolares.

Después se reunió con miles de personas de los Focolares. Su presidenta saludó al Papa en nombre de todos y recordó que esta ciudadela fue fundada por Chiara Lubich para difundir la espiritualidad de la comunión y la fraternidad. 

MARIA VOCE
Presidenta del Movimiento de los Focolares
“Santo Padre, tenemos una meta alta, queremos 'apuntar alto', como usted nos pidió hace 4 años. Nos gustaría poder decir a todos: 'Venid y ved'. Que el amor recíproco sea la ley de la convivencia significa experimentar la alegría del Evangelio y sentirse protagonistas de una nueva página de la historia”.

El Papa escuchó con interés las preguntas de algunos de sus habitantes. Le contaron por ejemplo que cada día renuevan su compromiso de vivir en esta ciudad el mandamiento del amor: “Amar a los demás como a uno mismo”. Y le preguntaron sobre cómo mantener viva esta espiritualidad en medio a los desafíos del mundo actual. 

FRANCISCO
“También en las relaciones dentro de la comunidad hay que ser siempre sinceros, abiertos, francos, sin miedo ni pereza ni hipocresía. No, abiertos. Sin apartarse para sembrar discordia y murmurar, sino esforzándose por vivir como discípulos sinceros y valientes en el amor y la verdad.
Y luego otra palabra 'hypomoné', que podemos traducir como comprender, soportar, permanecer y aprender a vivir las situaciones difíciles que la vida nos presenta”.

El Papa recordó que Chiara Lubich sintió el impulso de iniciar lugares como Loppiano al mirar una abadía con su iglesia, su biblioteca, sus campos, y en la que Dios y la Eucaristía estaban en el corazón del día a día. Fue un modo moderno de iniciar una “Ciudad Nueva” en el espíritu del Evangelio. 

FRANCISCO
“Una familia en la que todos se reconocen hijos e hijas del único Padre, comprometidos a vivir entre ellos y con todos el mandamiento del amor mutuo. No para quedarse tranquilos fuera del mundo, sino para salir, para encontrar, para cuidar, para lanzar a manos llenas la levadura del Evangelio en la sociedad, especialmente donde es más necesaria, donde la alegría del Evangelio es esperada e invocada: en la pobreza, en el sufrimiento, en la prueba, en la investigación, en la duda”.

Francisco les recordó que sembrar unidad no es sembrar “uniformidad”. Y les pidió que construyan este lugar con tenacidad, serenidad, optimismo, imaginación y humorismo, que es el comportamiento humano más parecido a la gracia de Dios. 

Después de su discurso, entregaron al Papa muchos regalos. Este niño le llevó un balón de fútbol autografiado e incluso un cubo de rubik. Estos monjes budistas estaban muy contentos y le regalaron un manto y un libro. 

Antes de marcharse, el Papa firmó el pacto que han hecho todos los habitantes de este lugar para comprometerse a que sea una ciudad de fraternidad. 

Después, se detuvo con los ancianos, los enfermos y personas con discapacidad. También estuvo con los niños, especialmente con este. 

Y mientras los chicos y chicas de los grupos “Gen Rosso” y “Gen Verde” cantaban sus canciones, el Papa abordó el helicóptero y concluyó una breve pero intensa visita.