Pedro Opeka, el misionero que ha rescatado del basurero a miles de personas

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30/07/2018
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El argentino Pedro Opeka vino a Roma para contarle su historia al Papa. Y ya de paso, la contó a la prensa. 

Tiene 70 años. Es de la Congregación de la Misión, de San Vicente de Paúl, y de joven se marchó como misionero a Madagascar. Allí aprendió la lengua malgache y trabajó en los arrozales. Pero se enfermó y se trasladó a la capital, Antananarivo, donde cambió su vida. 

P. PEDRO OPEKA
Congregación de la Misión (Madagascar)
“La semana siguiente fui al basurero. Yo no sabía que tenía que pasar por el basurero. Y cuando vi un millar de niños peleándose por la basura entre ellos y con los perros, me quedé mudo. Me dije: 'Aquí no tengo derecho a hablar, aquí hay que actuar'. Esa noche no pude dormir. Levanté las manos, me puse de rodillas en la cama, levanté las manos y le pedí: 'Señor, ayúdame a hacer algo por esos niños'”.

Al día siguiente regresó al vertedero y se reunió con las personas que allí vivían. O mejor dicho, que sobrevivían. 

P. PEDRO OPEKA
Congregación de la Misión (Madagascar)
“Me dice: 'Pero ¿tú vas a entrar en esa casucha, un metro veinte de altura, de cartón y de plástico?' Digo: ¡Si tú entras, yo entro también'. Y él entró a cuatro patas, y yo le seguí a cuatro patas”.

“Y cuando entré adentro, yo me presenté, 'Soy sacerdote, misionero'”.

“Y allí comenzó, cuando dijimos, 'Si ustedes quieren a sus hijos, nosotros les podemos ayudar para que tengan un futuro'. 'Sí, queremos a nuestros hijos'. Y entonces comenzamos a trabajar, y 30 años más tarde hemos hecho una ciudad”.

En tres décadas ha cambiado la vida de la gente. Ha dado empleo a miles de personas y les ha ayudado a construirse una ciudad, Akamasoa, para demostrar que la pobreza no tiene la última palabra. 

En sus barrios hay casas, parques, iglesias e incluso estadios de fútbol. Y allí, tiene un lugar privilegiado la Misa del domingo. 

P. PEDRO OPEKA
Congregación de la Misión (Madagascar)
“A nuestras misas vienen turistas. Porque en dos o tres guías turísticas dicen: si usted está en Antananarivo, vaya a la Misa de Akamasoa.
“Había también ateos, no ateos de Italia sino de Francia... que son los verdaderos de buena cepa. Que me dicen: Padre, yo soy ateo pero hoy a mí algo me ha pasado, yo no soy el mismo. Y le digo: 'Arréglate con el de ahí arriba'”.
“Yo nunca invito a nadie, la gente viene sola. Yo les digo, pero ustedes ¿qué hacen aquí, quién los ha invitado? Y les digo, Ustedes son los invitados de Dios, así que tenemos que recibirlos bien”.

Pedro Opeka ha sido varias veces candidato al Premio Nobel por la Paz. A él no parece importarle mucho. Esta orgulloso porque ha dado un futuro de esperanza a miles de personas. Ése es su premio. 

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