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Rome Reports

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La historia del milagro que permitió la canonización de Óscar Romero


En septiembre de 2015 la vida de Cecilia, de El Salvador, casi llega a su fin tras dar a luz a su tercer hijo. 

Le sangraban los ojos y los oídos. Su cuerpo se hinchó. El hígado y los riñones prácticamente no funcionaban. El dolor era tan intenso que los médicos tomaron la siguiente decisión: el coma inducido.

CECILIA FLORES
“Me cuenta mi mamá que cuando me fue a ver al hospital salió destrozada. Muchos amigos que fueron a verme al hospital salieron igual, destrozados porque era irreconocible. El 4 de septiembre le dijeron a mi esposo: 'Su señora de esta noche no pasa'”.

ALEJANDRO RIVAS
Marido de Cecilia
“Yo abro la Biblia y me encuentro una estampita de monseñor Romero, una imagen de monseñor Romero. Le pedí que me escuchara. Le digo: 'Monseñor Romero, por favor escúcheme'. Y le digo: 'Por el gran amor que usted le tuvo a El Salvador, por el gran amor que usted le tenía a la familia, por el amor que le tenía a las mujeres embarazadas, por el amor que le tenía a la vida, y hasta entregó la suya por defenderla. Le pido que le suplique a Dios, en su gran misericordia, que mi mujer no muera. Que hoy, que esta noche, mi mujer no muera. Le pido que le suplique a Dios que tenga misericordia'”.

Al día siguiente fue al hospital para ver a su mujer y allí se dio cuenta de lo siguiente: que su mujer empezó a mejorar inexplicablemente a la misma hora en la que él había rezado pidiendo su curación.

ALEJANDRO RIVAS
Marido de Cecilia
“Y a mí eso me resultó increíble, no tuve palabras, no le pude responder nada. Me dio un escalofrío y me quedé callado. El cuatro de septiembre ella se moría. El 14 de septiembre me la entregan. Ella sale del hospital”.

Óscar Romero fue un ejemplo claro de obispo que supo dejar de lado la comodidad de su posición para denunciar las graves injusticias que se cometían en su país. Era plenamente consciente de que se estaba jugando la vida, puesto que en una ocasión se desbarató un plan para asesinarlo. El segundo atentado no fracasó pero lo convirtió en mártir y en un símbolo para toda América Latina, que esperó con ansia su canonización.