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Rome Reports

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“Desde siempre he querido ser Guardia Suizo”


Cada 6 de mayo se respira un aire solemne en el patio de San Dámaso del Vaticano. Es el día en el que los nuevos reclutas de uno de los ejércitos más antiguos del mundo juran proteger a costa de su vida si es necesario al Romano Pontífice.

El suboficial Didier Grandjean nos abre las puertas del cuartel de la Guardia Suiza, el ejército más pequeño del mundo, donde él entró en el año 2011.

DIDIER GRANDJEAN
Vicecaporal, Guardia Suiza Pontificia

“Vi un folleto en 2006, con ocasión de los 500 años de la Guardia Suiza. Desde ahí siempre quise entrar en este cuerpo militar”.

Didier nos lleva hasta la armería y nos cuenta que en la actualidad este cuerpo está formado por poco más de un centenar de soldados. 

Hacen turnos y custodian algunas entradas del Vaticano, están presentes en los grandes eventos realizados en la plaza y, de noche, custodian el apartamento del papa. 

Una de las últimas ocasiones en las que tuvieron que actuar fue en diciembre de 2009, cuando esta mujer se abalanzó contra Benedicto XVI.

DIDIER GRANDJEAN
Vicecaporal, Guardia Suiza Pontificia

“Hay otros momentos tensos. Por ejemplo, cuando viene gente que dice que quiere ver al Papa y no entiende que es necesario seguir un procedimiento. . Hay varios tipos de turistas. Los peregrinos vienen con mucho respeto. Quieren ver al Papa, visitar la basílica. Después están los turistas que no saben qué hacemos, quiénes somos”.

Del mismo modo que Didier entró en la Guardia Suiza gracias a una campaña de promoción, este pequeño ejército necesita continuamente nuevos reclutas. Por eso ha lanzado este espectacular vídeo en el que muestran su trabajo.

Para formar parte de este cuerpo es necesario ser hombre y católico, tener ciudadanía suiza, menor de treinta años, medir al menos 1 metro 74 centímetros y tener una reputación "irreprensible". Además, piden haber pasado antes por el ejército suizo. 

Este hombres llevan una vida militar en toda regla. Una combinación de disciplina y formación religiosa. La fama de este ejército se acrecentó tras el amargo sacrificio que hicieron 147 soldados helvéticos que murieron defendiendo al Papa Clemente VII durante el saqueo de Roma del año 1527.