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Rome Reports

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Este matrimonio se conoció en la JMJ, un evento en el que no solo surgen sacerdotes


En el verano de 2011, María y José Antonio acababan de conocerse. Se encontraron acompañando la cruz de los jóvenes que más tarde llegaría a la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid. Participaron como voluntarios. Ahora están casados y tienen dos hijas.

Su historia es una más de las que suceden en las JMJ, todo un semillero de vocaciones, no solo al sacerdocio o a la vida consagrada. También al matrimonio.

Acompañar el símbolo de la JMJ les marcó profundamente. Después, se reencontraron en Madrid.

MARÍA DE PAZ ESTRADA
“Yo me imaginaba un poco cuando Jesús entraba con la borriquita, ¿no? Decía: '¡Esto es similar!'. Aquí la gente viene y nosotros estamos haciendo una labor de servicio, pero a la vez todo lo contrario.”

María iba con jóvenes de la diócesis de Córdoba y José Antonio seguía los pasos del obispado para contar por redes sociales todas las novedades. Había tanta gente que era complicado verse. Aunque tenían una estrategia para coincidir en las catequesis que más les interesaban.

JOSÉ ANTONIO SALAMANCA
“Como grupo teníamos designada una serie de catequesis. Muchas veces, a lo mejor intentábamos coincidir. Muchas veces decían: 'El grupo 1, 3 y 5 a tal parroquia'. Y nosotros, a lo mejor algún día nos decíamos: 'Está el grupo ya colocado, se queda otro a no sé qué, vámonos a la catequesis'. Y nos íbamos juntos a la catequesis”.

Y escapándose juntos para escuchar a sus obispos favoritos, se fueron enamorando. No se dieron cuenta hasta el final, cuando Benedicto XVI les hizo pensar que quizá lo suyo era algo serio.

MARÍA DE PAZ ESTRADA
“El Papa decía: 'Hemos vivido una aventura juntos', ¿no? Pues yo luego, con el tiempo, lo he pensado. Digo: '¡Fíjate!'. Aquella aventura que vivimos juntos los dos. Allí, en nuestros inicios, que no sabíamos qué iba a pasar. Vivimos una aventura juntos de las muchas que luego la vida nos sigue deparando. Nos ha traído dos preciosas niñas”.

Quieren que su familia se apoye en la fe. Rezan juntos, hablan de Dios en casa y cultivan la devoción de la mayor hacia la fundadora de su colegio. A veces, incluso reciben la visita del obispo de su ciudad, un viejo amigo de la familia.

JOSÉ ANTONIO SALAMANCA
“La mayor, cuando lo ve, le dice 'el del gorro rosa'. Ella no sabe. Ella dice: 'Este es nuestro amigo, el del gorro rosa'. Yo le digo: 'Sí, sí, el del gorro rosa'. Muchas veces sale corriendo, se sube, le coge el pectoral... Y yo me digo: '¡Por Dios, qué vergüenza! ¡Un día le va a quitar el solideo y se lo va a poner ella!'. Un día nos dice él: 'Un poco movidita la niña, ¿no?'. ¡Hombre! Es que tiene la edad que tiene".

En sus primeros años de casados, María y José Antonio regresaron a la Jornada Mundial de la Juventud de Cracovia en 2016.

La suya es una historia que recuerda las diferentes vocaciones que hay en la Iglesia y que en las JMJ no salen nacen nuevos sacerdotes. A menudo, también muchas familias católicas.

RM