Carmen Álvarez Cuadrado
Los cristianos son la comunidad más perseguida en el mundo: 388 millones en 2025, según Open Doors. Esto significa que 1 de cada 7 ha sido una víctima solo por profesar su fe. Pero hay datos que afectan incluso más...
MONS. ETTORE BALESTRERO
Observador de la Santa Sede, ONU (Ginebra)
Resulta aún más preocupante el número de cristianos asesinados por su fe. En 2025, según Puertas Abiertas, fueron 5.000 fieles. Esto significa que, de media, cada día mueren unas 13 personas. Por lo tanto, sin duda, hay factores sociales y políticos que influyen, como el aumento de los conflictos, las guerras y el extremismo ideológico, que a su vez manipula y utiliza el factor religioso.
Fue lo que denunció Mons. Balestrero ante la ONU en Ginebra. Y no son solo números. Detrás hay familias o comunidades. Por no hablar un tipo de discriminación, que el diplomático define como “persecución cortés”.
MONS. ETTORE BALESTRERO
(Es) una forma silenciosa, que en apariencia es menos violenta, pero que tiene efectos devastadores sobre el ejercicio de la libertad religiosa, ya que el espacio público para expresar esta fe y la propia fe se va reduciendo y se va sofocando poco a poco hasta desaparecer.
Es más común de lo que parece. Y puede dar casi a diario, aunque no se detecte quizá de forma tan fácil. Ojo a estos ejemplos cotidianos...
MONS. ETTORE BALESTRERO
Pensemos, por ejemplo, en un fiel detenido por haber rezado en silencio cerca de una clínica donde se practican abortos. O pensemos en un profesor, en un docente que sea juzgado porque, por ejemplo, ha leído el Evangelio a sus alumnos o ha recordado que, según la doctrina cristiana, ciertos comportamientos no son moralmente aceptables. Así pues, la persecución cortés no encarcela ni tortura a nadie, pero silencia la voz, la anula hasta el punto de asfixiar moral y socialmente a la persona.
Y aquí entran los gobiernos y el poder político. En un mundo que habla de tolerancia, progreso y libertad, son los cristianos los que, en ocasiones, quedan reducidos.
MONS. ETTORE BALESTRERO
Hay que denunciar cierta hipocresía que se está produciendo, por ejemplo, con el discurso de los nuevos derechos, que habla de inclusión, habla de progreso, pero que acaba marginando a quienes expresan públicamente sus convicciones cristianas, simplemente porque son opiniones que no coinciden con las de la mayoría relativista.
Quieren incluir a todos menos a los cristianos, por lo que estos se convierten, de hecho, en ciudadanos de segunda clase.
Y no hay que irse a la violencia física para verlo. En muchos países, no tienen acceso a ciertos servicios, se les pone trabas para construir escuelas o, simplemente, tienen prohibido cualquier gesto que evidencie su identidad cristiana.








