En una Francia profundamente secularizada, hay una tendencia nueva. En la Pascua de 2026 recibieron el bautismomás de 21.000 personas.
Este encuentro tuvo lugar en el instituto católico de Francia, que durante la Revolución Francesa fue convertido en prisión para sacerdotes, alrededor de 115 religiosos y obispos fueron asesinados.
La realidad de los catecúmenos está obligando a la Iglesia francesa a replantearse cómo acompañar a quienes llegan a la fe.
JAOID
Empecé a leer libros sagrados: el Corán y luego el Nuevo Testamento. Durante la lectura de este último, me conmovió la figura de Jesús, sus enseñanzas, su manera de explicar en parábolas y, sobre todo, su determinación para darnos ejemplo a través de su vida.
Su historia resume uno de los problemas que el papa responde como pastor universal.
LEÓN XIV
Vuestra experiencia y vuestro testimonio, queridos catecúmenos y neófitos, son el signo tangible de la obra de la gracia de Dios, que supera los análisis estadísticos y sociológicos. Este fenómeno, que contradice cualquier actitud derrotista —lo que el Papa Francisco llamaba el "pesimismo estéril"—, debe ser acogido con un espíritu de responsabilidad.
Una vez que los neófitos forman parte de la familia católica aparece un problema claro ¿Cómo evitar el vacío post bautismo?
LEÓN XIV
Los neófitos no están llamados únicamente a recibir: su fe es un tesoro que se ofrece a la Iglesia de Francia y a la Iglesia universal. Pienso en lo que le sucedió a uno de los catecúmenos más célebres de la historia, san Agustín. Fue iniciado en la fe por san Ambrosio, y su fe no era más que una pequeña semilla cuando fue bautizado. Pero esta semilla creció y se multiplicó, convirtiéndose en un árbol tan grande que, bajo su follaje, todavía hoy podemos encontrar consuelo.
Es una de las claves de todo el encuentro: los nuevos creyentes favorecen a los que ya están dentro a renovar su propia fe.
Y con San Agustín por bandera, el papa les recuerda que comenzar como catecúmeno también puede acabar como un árbol en cuya sombra se refugia la Iglesia.
Daniel del Castillo González


















