Daniel del Castillo González
En una ciudad fronteriza como lo es Metz el papa ha elegido las palabras indicadas para comentar lo que sucede cuando las fronteras pasan a ser fracturas.
El auditorio del encuentro tiene por nombre Robert Schuman, uno de los padres de la Unión Europea, León XIV lo pone de ejemplo para llegar a un fin común entre religiones.
LEÓN XIV
Este hombre de fe y de convicciones supo transformar las antiguas líneas de fractura en puentes de esperanza para toda Europa, y se convirtió en un verdadero embajador de la unidad en la diversidad. Siguiendo su ejemplo, nuestra responsabilidad común como mujeres y hombres religiosos es dar testimonio de que, más allá de las fronteras, siempre es posible encontrarse, entablar una amistad y construir la paz.
Pero este encuentro tiene un significado particular, precisamente Metz pertenece a la región francesa donde todavía existe un régimen religioso diferente al del resto del país y donde los cultos, católico, luterano, reformado e israelita conservan un reconocimiento específico del Estado.
LEÓN XIV
Invocar el nombre de Dios para legitimar la violencia o la opresión es una profanación de ese nombre. Nada de lo que desfigure la dignidad humana puede reclamar una auténtica inspiración divina. El discurso religioso debe llamar constantemente a desarmar los corazones y las palabras.
La grandeza de una civilización no se mide por sus logros materiales, sino por la manera en que rodea, protege y eleva a la persona humana.
El Papa deja así un mensaje que no se queda en el diálogo entre confesiones: las religiones, tienen que demostrar su fecundidad protegiendo la vida y cuidando a los vulnerables.



















