Beatriz Alonso de Medina
Un año pasa muy rápido. Parece que fue ayer cuando León XIV se presentó al mundo...
Un año ya, ¡yo me pensaba que hacía menos!
Hay gestos que, más allá de los actos oficiales, han terminado definiendo un estilo humano. Algunos de los momentos más espontáneos han mostrado a un papa capaz de sorprender.
Como cuando, ante miles de jóvenes, apareció sin previo aviso al finalizar la misa del Jubileo, desatando una emoción inesperada.
O cuando, en un concierto dedicado a los más necesitados, se animó a cantar una canción de Michael Bublé..
Creo que cantar con Michael Bublé lo hizo muy cercano a nosotros y lo hizo aún más real. De nuevo, sabiendo que es el líder espiritual de la Iglesia y, en este momento, el líder espiritual del cristianismo en general no solo de la Iglesia católica, creo que es muy importante.
Pero si hay una constante en este primer año, han sido los gestos de cercanía a través del contacto directo.
Abrazos que han dado la vuelta al mundo. Por ejemplo, en los viajes apostólicos. El más reciente fue África, donde ocurrió esto: un abrazo espontáneo a una niña africana.
O este otro en Líbano: consolando a familias de víctimas y supervivientes de la explosión en el puerto de Beirut en el año 2020.
Incluso ha dejado ver su humanidad junto a su propio hermano tras la misa de inicio de pontificado, en una escena que rompió el protocolo.
En las audiencias, esa cercanía se repite con frecuencia al detenerse para bendecir a los más pequeños e, incluso, a acunar bebés. Una imagen que ya se ha visto en numerosas ocasiones incluso con pequeños papas.
Y así, a través de pequeños gestos, León XIV ha conseguido ganarse el cariño de los católicos en todo el mundo...




