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Rome Reports

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La historia del sacerdote mártir albanés que Francisco hará cardenal


Durante su viaje a Albania en septiembre de 2014 el Papa Francisco escuchó este testimonio escalofriante: el de un sacerdote de 84 años que vivió 28 años realizando trabajos forzados durante la época comunista. Se llama Ernesto Simoni y será creado cardenal en el consistorio del 19 de noviembre.

Este es el testimonio completo que el sacerdote pronunció ante el Papa durante su visita a Albania:

TEXTO COMPLETO:

"Soy don Ernest Simoni. Soy un sacerdote de 84 años. En diciembre de 1944 llegó a Albania el Partido Comunista, ateo, que tení­a como principio eliminar la fe y al clero. Para llevar a cabo este programa comenzaron inmediatamente con los arrestos, las torturas y los fusilamientos de centenares de sacerdotes y laicos, durante 7 años consecutivos, derramando la sangre inocente de fieles, algunos de los cuales, antes de ser fusilados, gritaron, "Viva Cristo Reyâ?.

En 1952 el gobierno comunista, siguiendo una estrategia polí­tica planificada desde Moscú (Stalin), intentó reunir a los sacerdotes que todaví­a estaban vivos para permitirles ejercitar libremente la fe con la condición de que la Iglesia se separase de Roma y del Vaticano. El clero nunca aceptó esta pretensión del gobierno. Yo continué los estudios en el colegio de los franciscanos por diez años, desde 1938 hasta 1948. Nuestros superiores fueron fusilados por los comunistas y por este motivo fui obligado a terminar mis estudios de teologí­a en la clandestinidad. 

Cuatro años después me mandaron al ejército. Querí­an hacerme desaparecer. Pasé dos años en aquel lugar, años que fueron más terribles que una prisión. Pero el Señor me salvó y el 7 de abril de 1956 fui ordenado sacerdote. El dí­a después, Domingo in Albis y fiesta de la Divina Misericordia, celebré la primera misa. Durante ocho años y medio desempeñé mi ministerio sacerdotal hasta que los comunistas decidieron quitarme de en medio.

El 24 de diciembre de 1963, después de celebrar la misa de la vigilia de Navidad, en la localidad de Barbullush, cerca de Scutari, llegaron cuatro oficiales de seguridad y me presentaron la orden de arresto y fusilamiento. Me pusieron las manos tras la espalda, me esposaron y me metieron en su coche a patadas. Desde la parroquia me llevaron a una habitación aislada donde permanecí­ tres meses en condiciones inhumanas. Estando esposado me interrogaron. Su jefe me dijo: "Serás ahorcado como enemigo porque has dicho al pueblo que todos moriréis por Cristo si es necesarioâ?. Me apretaron tanto los hierros en las muñecas que sentí­a cómo se me paraban los latidos del corazón. Casi morí­a. Querí­an que hablara contra la Iglesia y la jerarquí­a. No acepté. Casi muero por las torturas. Al verme en ese estado me liberaron. El Señor quiso que continuase viviendo.

También me acusaron de celebrar tres misas por el alma del presidente americano John Kennedy, asesinado un mes antes de mi arresto. Sin embargo las misas las celebré según las indicaciones que Pablo VI dio a todos los sacerdotes del mundo. Yo era suscriptor de la principal revista rusa en lengua francesa "La Unión Soviéticaâ?. Como prueba de su acusación presentaron al juez la revista en la que figuarba la foto del presidente americano. La Divina Providencia quiso que mi condena a muerte no se ejecutara. En la habitación aislada llevaron a otro prisionero, un amigo, que tení­a que espiarme. Él criticó al partido pero yo le respondí­a que Cristo nos enseñó a amar a los enemigos, a perdonarles y que debemos trabajar por el bien del pueblo. Estas palabras llegaron a oí­dos del dictador, quien después de cinco dí­as me liberó de la condena a muerte. Esta condena fue sustituida a 18 años de prisión en la mina de Spaí§. Cuando salí­ de allí­ me volvieron a condenar a trabajos forzados durante 10 años, hasta la caí­da del régimen. Trabajé en las aguas fecales. Celebraba misa en latí­n, de memoria. También confesaba y distribuí­a la comunión a escondidas.

Con la llegada de la libertad religiosa el Señor me ayudó a servir a muchas poblaciones y a reconciliar con la cruz de Cristo a personas llenas de venganza, alejando el odio y al diablo de los corazones de los hombres.

Santidad, con la seguridad de poder exprimir el deseo de todos los presentes, le ruego que, por intercesión de la Santí­sima Madre de Cristo, el Señor os otorgue vida, salud y fuerza para guiar el gran rebaño que es la Iglesia de Cristo. Aménâ?.

JRB

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