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Rome Reports

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“En el gulag me hice un rosario de bolitas de pan para rezarlo todos los días”, recuerda el nuevo cardenal de Lituania


El cardenal Sigitas Tamkevičius, con los ojos bañados en lágrimas, recuerda su paso por un gulag en Siberia.

Su crimen fue hacer llegar a los periodistas occidentales las “Crónicas de la Iglesia en Lituania”, escritos donde documentaba casos concretos de persecución contra los cristianos. Padeció 10 años de condena por denunciar las prácticas del régimen soviético en Lituania. 

CARD. SIGITAS TAMKEVICIUS
Arzobispo de Kaunas, Lituania

“El momento más duro de mi estancia en la cárcel fueron los interrogatorios. Se podían prolongar hasta 7 horas. Era terriblemente agotador”.

“Una cosa hermosa que sucedió fue que, uno de los presos, al volver de estos interrogatorios, encontró la fe y me pidió el bautismo. Yo le bauticé en la cárcel”.

En medio de los trabajos forzados a los que fue sometido nunca perdió la fe. Todo lo contrario. Buscó cómo celebrar misa mientras era obligado a trabajar de sol a sol en la lavandería. Con lo poco que tenía a mano consiguió hacerse un rosario. Encontró en la fe la fuerza necesaria para sobrevivir al martirio.

CARD. SIGITAS TAMKEVICIUS
Arzobispo de Kaunas, Lituania

“Recé cada día. Fabriqué un rosario hecho con bolitas de pan y con él rezaba todos los días todos los misterios. Cuando podía además intentaba celebrar la misa”.

En 2018 Francisco pudo ver con sus propios ojos cómo eran esas cárceles soviéticas. El entonces arzobispo de Kaunas le acompañó en esta visita.

Tan solo un año después, el Papa le ha nombrado cardenal, una decisión que para monseñor Tamkevičius es un gesto de Francisco, no solo hacia él sino para con todos los lituanos.

CARD. SIGITAS TAMKEVICIUS
Arzobispo de Kaunas, Lituania

“Con este nombramiento creo que el Papa Francisco ha querido reconocer el Via Crucis por el que ha pasado todo el pueblo Lituano”.

El cardenal es una prueba viviente de resistencia en la fe frente a la intolerancia religiosa. Por eso, asegura que quiere ser un testimonio para quienes hoy en día, en todo el mundo, sufren la persecución por el mero hecho de ser cristianos.