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Rome Reports

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Bendición Urbi et Orbi del Papa: La tempestad desenmascaró nuestras debilidades


Ante este escenario jamás visto: la Plaza de San Pedro desierta y las personas siguiendo la ceremonia desde sus hogares, el Papa rezó una intensa oración para pedir a Dios el fin de la pandemia del coronavirus. 

Se leyó un pasaje del Evangelio de Marcos, el de Jesús calma la tempestad en el lago. Luego, el Papa hizo una homilía a solas en la que la comparó con la actual pandemia que ha cambiado la vida de las personas.

FRANCISCO
En nuestro mundo, que Tú amas más que nosotros, hemos progresado rápidamente, sintiéndonos fuertes y capaces de todo.
Con la tempestad, se cayó el maquillaje de esos estereotipos con los que disfrazábamos nuestros egos siempre pretenciosos de querer aparentar; y dejó al descubierto, una vez más, esa (bendita) pertenencia común de la que no podemos ni queremos evadirnos; esa pertenencia de hermanos.

Francisco mencionó al miedo y la falta de fe de los discípulos de Jesús. Y recordó a los católicos la belleza de confiar en Dios también en tiempos duros.

FRANCISCO
Señor, nos diriges una llamada, una llamada a la fe. Que no es tanto creer que Tú existes, sino ir hacia ti y confiar en ti. Entreguémosle nuestros temores, para que los venza.

El Papa rezó emocionado ante la imagen de la patrona de Roma, la 'Salus Populi Romani'. Pidió su protección para la ciudad de Roma y el mundo entero.

También se detuvo intensamente rezó ante el crucifijo milagroso de San Marcelo.

Luego rezó en silencio, adorando la Eucaristía.

El cardenal Angelo Comastri, arcipreste de la Basílica de San Pedro, anunció la bendición Urbi et Orbi y la posibilidad de obtener la indulgencia plenaria.

Francisco se asomó de nuevo a la plaza. Desde el umbral de la basílica bendijo con la Eucaristía a la ciudad de Roma y al mundo.

La bendición Urbi et Orbi normalmente se reserva para la Navidad, Pascua y la elección de un nuevo Papa. Pero Francisco decidió impartirla extraordinariamente para conceder la indulgencia, y recordar que la bondad de Dios ante el sufrimiento que ha generado el coronavirus.

Claudia Torres
Traducción: Daniel Díaz Vizzi-JMB