Beatriz Alonso de Medina
El momento más emotivo de la jornada se vivió cuando, antes de la misa multitudinaria en la basílica de Mongomo, el papa se acercó a un grupo de niños que lo esperaban con varios globos de colores que formaban un rosario.
Con un gesto sencillo pero cargado de simbolismo, los lanzó al cielo junto a los pequeños. Los globos ascendieron lentamente creando una escena de alegría colectiva que contrastaba con el tono más solemne de los actos oficiales.


















