Antonio Olivié
Hace unas semanas se anunció el nombramiento de Montse Alvarado, hasta ahora responsable de la información en el canal EWTN, como nueva prefecta para la Comunicación del Vaticano. No tomará posesión hasta noviembre, cuando se jubile el actual responsable, Paolo Ruffini.
El nombramiento ha sido sorprendente por varios motivos. El primero, porque rompe con una estructura en la que los puestos clave en la comunicación los mantenían profesionales italianos. Empezando por el prefecto y pasando por el número dos del dicasterio, hasta el director de L’Osservatore Romano o el portavoz de la Sala Stampa.
Y el segundo motivo de sorpresa es que la televisión que dirigía Alvarado había mantenido una actitud crítica con el Papa Francisco, quien también tuvo palabras duras frente a ese canal de televisión norteamericano.
La realidad es que Montse Alvarado, como periodista y como responsable de noticias, mantuvo un perfil moderado, de respeto hacia el pontífice anterior. Y, sobre todo, ha sido capaz de modernizar formatos y el estilo de una cadena que corría el riesgo de quedarse anclada en la era de su fundadora, la madre Angelica.
En cuanto llegue a Roma, el primer reto de la nueva responsable de Comunicación será la internacionalización del Dicasterio. Una visión exterior, de alguien que no ha trabajado en el Vaticano con anterioridad, puede ayudar a cambiar algunas dinámicas internas. Es un gran desafío para una persona que, de momento, no habla italiano, el idioma de la mayoría de sus próximos empleados.
Un segundo reto será la actualización de los recursos en un dicasterio que cuenta con más de 500 empleados en nómina. No hay que olvidar que ahí se encuentran los trabajadores de radio, internet o televisión en decenas de idiomas distintos, así como el periódico L’Osservatore Romano y la Sala Stampa.
En su mano está decidir dónde se deben destinar más recursos, si es preciso mantener toda la estructura de un diario impreso, cómo ganar presencia en las redes sociales y cómo mejorar la atención a los periodistas de todo el mundo.
Pero la cuestión clave del Dicasterio para la Comunicación se centra en el tipo de relación que tendrá Montse Alvarado, o la persona al frente de la Sala Stampa, con el Papa León XIV. Se trata de un elemento esencial para la comunicación del Vaticano y la credibilidad de su departamento.
Los veteranos del lugar recuerdan con nostalgia la etapa en la que el periodista español Joaquín Navarro-Valls mantenía un contacto directo y diario con Juan Pablo II, con el que compartía comidas o cenas en un ambiente informal. Un hecho que facilitaba mucho la conexión con los periodistas, porque sabían que la información llegaba de primera mano.
Este tipo de relación no se ha mantenido con sus sucesores. En el caso de Francisco era él mismo quien, en muchas ocasiones, asumía la comunicación en primera persona, sin la figura de un portavoz clásico que pudiera aclarar o matizar determinados asuntos. Es una opción que daba lugar a malentendidos o a interpretaciones interesadas por parte de algunos.
Por eso, la gran pregunta es si León XIV mantendrá ese canal abierto y dará un peso específico al portavoz o si mantendrá una estructura de comunicación de bajo perfil.
De momento, toca esperar hasta noviembre, cuando la nueva responsable de Comunicación, la primera mujer laica al frente de un dicasterio vaticano, tome posesión de su nuevo cargo.









