De la belleza de María a la belleza que se manifiesta en el amor cotidiano. Ese es el camino que ha propuesto el papa León XIV en la fiesta de la Asunción de la Virgen, cuando celebró Misa en la parroquia de Castel Gandolfo.
Al igual que el año pasado, este templo construido por Bernini, por encargo del papa Alejandro VII, recibió al papa para vivir una tradición instaurada por san Juan XXIII.
Debido a las dimensiones de la iglesia, la mayoría se ha unido a la Misa desde fuera, y apenas unos pocos la vivieron desde adentro. Entre ellos estaban las autoridades locales y miembros de la comunidad.
En la homilía, León ha reflexionado sobre la belleza de María en su asunción y ha dicho que es una imagen que contrasta con la de quien ha visto pasar los años.
LEÓN XIV
Con la edad, de hecho, nuestro cuerpo no se hace más ágil, sino más pesado; la piel no se vuelve más fresca, sino que muestra los signos de la vejez; el cabello no toma color ni brillo, sino que se vuelve gris y luego blanco. Entonces, ¿qué tenemos en común con la joven maravillosa que encontramos pintada en nuestros retablos?
La glorificación de María en alma y cuerpo nos enseña que nuestra verdadera belleza no consiste en ocultar los signos del tiempo que pasa, sino en mostrar también en nuestra carne los signos del amor que no tiene fin.
El papa ha invitado a cuestionar los cánones estéticos donde predomina el hedonismo y el consumismo,y a centrarse en la belleza real: en los rostros de niños y arrugas de ancianos, en la vivacidad de los jóvenes y en la compostura de los adultos.
LEÓN XIV
El amor es el ornamento más hermoso del hombre: el amor que transfigura, transforma, ennoblece y lleva a lo alto; que nos hace ligeros, libres, cercanos a Dios, incluso a través de los altibajos de la vida.
Por lo tanto, lo sublime del misterio de la Asunción se encuentra muy cerca, ha insistido el papa, al tiempo que ha invitado a vivir con la plenitud de María y a compartir su gloria.
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