Carmen Álvarez Cuadrado
Después del rezo del ángelus en Castel Gandolfo, el papa se despidió personalmente de todos los que hicieron posible su estancia en dicha ciudadela, donde tradicionalmente han veraneado los pontífices.
Tras despedirse de los peregrinos en la plaza, el papa fue saludando uno a uno a los diferentes cuerpos de seguridad –bomberos, policía, gendarmes o guardia suiza, entre otros– que permitieron la estancia del pontífice durante el periodo estival.

















