Carmen Álvarez Cuadrado
Año y medio después, la imagen se repite. Así llegaba el papa a Genazzano, donde está el santuario de la Virgen del Buen Consejo. Una advocación mariana muy vinculada tanto a Prevost como a León XIV.
El pontífice pasó a rezarle a María en momentos clave de su vida. Por ejemplo, tras su elección como prior de los agustinos; también, fue su primera escapada sorpresa como papa. Esta vez, fue a celebrar celebrar la misa de la Natividad de María.
LEÓN XIV
Celebramos el nacimiento de una niña llamada a ser la Madre de su Creador, la Madre de Dios que salva. Y, sin embargo, nace simplemente una niña, como las hijas y nietas que sostenemos en nuestros brazos. Hoy le damos títulos nobles y elevados de Señora y Reina, pero el camino de Dios ha sido y sigue siendo más sencillo y silencioso, pero no por ello menos poderoso y transformador.
Y el papa, ante una de sus advocaciones marianas más queridas, no dudó en pedir por la paz en el mundo. Lo hizo como un hijo se lo pide a su madre.
LEÓN XIV
Sí, queridos hermanos, queremos imaginar la paz, ampliar los límites de la comprensión y plasmarla en nuestras almas, reconocer que ya existe, acogerla y servirla. Es don de Dios, aliento del Resucitado, obra del Espíritu Santo. Permitamos que la paz crezca en nuestro interior. Germinará en el mundo. Y la Madre del Buen Consejo nos acompañará en esta misión.
Según la tradición, en 1467, un fresco de la Virgen voló milagrosamente desde Albania para escapar de la invasión turca y se posó en una iglesia agustina que una viuda intentaba reconstruir en Genazzano. Ahora es un famoso lugar de peregrinación. Y uno de sus peregrinos más famoso es, sin duda, León XIV.














