El párroco de la Antártida

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29/07/2026
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Santiago Taboada Castillo

El Obispado Castrense Argentino atiende cada año a los pocos centenares de personas que habitan las bases antárticas argentinas.

El primer sacerdote argentino en invernar en el continente blanco fue el padre Francisco Roverano, un sacerdote de 41 años, natural de Santa Fe, Argentina.

FRANCISCO ROVERANO

Y después de pasar por varios destinos, salió la propuesta de Monseñor Santiago Olivera, que es el obispo castrense de Argentina. Allí me propuso ir a la Antártida. Que siempre los capellanes acompañen en la campaña de verano, que son cuatro o cinco meses aproximadamente. Pero me pregunto si yo me animaba a quedarme todo un año.

El padre Roverano embarcó en el Almirante Irizar, un barco rompehielos con destino a la Antártida. Allí estuvo cuatro meses, para poder atender todas las bases argentinas en suelo antártico y consagrar formas en las capillas.

FRANCISCO ROVERANO

Es como una especie de hotel flotante que la misión del rompehielos es trasladar gente científica, personal militar.

Nada más llegar al continente blanco, Roverano aprendió la lección más importante del territorio: “El clima siempre manda”.

FRANCISCO ROVERANO

Uno puede tener un millón de cosas para hacer, pero uno llega un día y hay tempestad o hay tormenta, no podés bajar del barco.

Una vez establecido en el continente, el padre experimentó el invierno antártico. Los animales se fueron y la temperaturas llegaron a descender los 40 grados bajo cero. Francisco Roverano decidió que colaboraría con los trabajos de la base.

FRANCISCO ROVERANO

Después siempre acompañaba algún personal en algún oficio. Siempre le proponía yo al jefe. Un día me voy con el electricista, otro día me voy con el carpintero, otro día me voy con los mecánicos, otro día me toca el servicio de cocina para ayudar, otro día el de la usina, controlar los motores, que funcione todo bien para que pueda dar electricidad.

Todos los días celebraba misa en la capilla de la base Esperanza, a veces solo. En 2023 fue el único sacerdote argentino que pisó la Antártida. Estuvo 9 meses sin confesarse.

Francisco tuvo que prever todo lo que tenía que llevar a la Antártida para 1 año. Formas, vino, y todo lo necesario para celebrar misa. Incluso vistió una casulla que Juan Pablo II donó para la Antártida.

Ahora, el párroco antártico ha vuelto a Argentina, y es capellán en Córdoba, aunque no descarta volver en un par de años. Queda claro que Francisco Roverano se ha tomado literalmente el mandato de Jesús de ir por todo el mundo predicando el Evangelio.

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