Carolina Bellocq
Por primera vez un pontífice se unió a la procesión náutica en honor de la Virgen del Lago en Castel Gandolfo.
El pueblo celebra 400 años de presencia de los papas durante los veranos y ha tenido ocasión de vivirlo de manera histórica.
El sábado 29 de agosto León XIV presidió la misa en la capilla encargada por Pablo VI en 1977. Ante veraneantes y residentes habituales del pueblo, habló del infinito amor de Dios por cada uno.
PAPA LEÓN XIV
Jesús revela, así, que solo el amor salva. El amor que Dios nos ha mostrado haciéndose hombre, muriendo y resucitando por nosotros y, en respuesta, aquel con el que también nosotros nos ofrecemos humildemente a Él y a nuestros hermanos: en la constancia fiel de la caridad de cada día y en los gestos más extraordinarios, hasta el martirio, que a veces lamentablemente hoy ocurre a muchos cristianos en varias partes del mundo.
Al terminar la homilía se refirió a la homenajeada de la noche, la Virgen María.
PAPA LEÓN XIV
Unámonos, entonces, esta noche, a Jesús y a María, al Hijo y a la Madre, para ser, unidos, no solo en el lago, sino en todas las noches del mundo, un reflejo sereno de la presencia de Dios y un eco irresistible de su amor que invita a amar.
La Virgen del Lago es una imagen de bronce. Unos escoltas la llevaron por las calles, bajaron a la costa del lago Albano y la subieron a una barca, a la que también se subió León.
Algunos fieles acompañaban desde sus veleros y canoas, y la mayoría iba caminando por la calle de la costa. Como en toda procesión, había momentos de oración guiada y música.
Los residentes de Castel Gandolfo, sus veraneantes y otras personas que habían llegado ocasionalmente ese día se congregaron para ver pasar al papa, que al final bajó de la barca y pronunció una bendición, confiando muchas intenciones a la Virgen María.

















