Daniel del Castillo González
¿Te imaginas que después de ser nombrado obispo tuvieras que volver a clase?
Eso es exactamente lo que hacen cada septiembre los nuevos obispos de todo el mundo. Este año son 147 y durante ocho días pasan por la Pontificia Universidad Urbaniana en Roma para formarse en su nuevo mandato.
Este “máster” Vaticano existe desde el año 2000 e incluye temas como la misión, los abusos, la sinodalidad o la crisis del clero.
Pero, ¿cómo es un día en la vida de un obispo que vuelve a la Universidad?
MONS. ALFONSO BAUER
Obispo de Florida, Uruguay
Bueno, hay días típicos que generalmente comenzamos a la mañana, a las 7 de la mañana con la misa. Luego el desayuno y ya vamos a las ponencias. Generalmente tenemos dos ponencias en la mañana y una en la tarde, según van variando.
Y después de la teoría, hay que poner en práctica los conocimientos.
MONS. ALFONSO BAUER
Obispo de Florida, Uruguay
Luego también tenemos trabajo en grupo, por diferentes lenguas. Nos vamos reuniendo en este grupo y con una consigna ahí vamos compartiendo cómo resuena esa propuesta presentada en las iglesias locales.
Misa, clase, trabajo en grupo… también hay actividades extraescolares. El mini máster incluye una peregrinación.
MONS. ALFONSO BAUER
Obispo de Florida, Uruguay
Por ejemplo, el domingo pasado fuimos de peregrinación a Asís. Pudimos concelebrar allá, visitar los lugares de este año santo franciscano, por los 800 años de Francisco, de la muerte de Francisco.
El curso concluye con una misa en San Pedro y la audiencia con el papa. ¿Y cómo sabe el Vaticano que el obispo ha aprobado el curso?
MONS. ALFONSO BAUER
Obispo de Florida, Uruguay
Bueno, no hay una evaluación escrita, ni mucho menos.
Uno de los grandes valores del curso es precisamente descubrir que los problemas de una diócesis no son tan distintos de los de otras.
En este erasmus episcopal los profesores son cardenales, prefectos y arzobispos. Y después de ocho días de clases, la pregunta es. ¿Uno se siente más obispo que antes?
MONS. ALFONSO BAUER
Obispo de Florida, Uruguay
Para mí lo más complejo sería acostumbrarse a ser obispo, a vivir desde el rol y no desde esa interioridad apostólica, desde ese ser en comunión con el Señor que te llama a vivir la misión, no ser simplemente... hombres de gestión.
Eso sí, no hay examen final ni TFG, pero sí parece haber una asignatura que dura toda la vida.













