Nunca antes en la historia un papa había visitado la cámara baja de las Cortes Generales en España, el Congreso de los Diputados.
León XIV protagonizó ésta escena en su cuarto viaje apostólico.
El lugar en el que se aprueban las leyes junto al Senado y que está compuesto por 350 miembros, recibió la visita del pontífice, quien tras saludar a los diputados de los diferentes partidos políticos, les dirigió a ellos y a todo el pueblo español unas palabras en las que la dimensión humana adquirió todo el protagonismo
LEÓN XIV
España ha sabido mirar al ser humano como algo más que una pieza del orden social, económico o político: lo ha reconocido como criatura abierta a la verdad, dotada de libertad y movida por una sed de eternidad que ninguna realidad temporal logra extinguir
En el centro de la vida democrática, la institución donde están representados los ciudadanos a través de sus diputados elegidos en elecciones, el pontífice aprovechó la ocasión para recordar que no se puede gobernar sin reconocer la dignidad inviolable de la persona
LEÓN XIV
Si la vida deja de ser reconocida como un valor fundamental, ¿qué futuro pueden tener nuestras sociedades? ¿Puede llamarse plenamente justa una comunidad que deja en la sombra al niño aún no nacido, al anciano, al enfermo, a quien sufre en silencio o a quien depende enteramente del cuidado de los demás
León XIV recordó que frente a los discursos que ensalzan la cultura de la muerte como son el aborto o la eutanasia, ambas prácticas reconocidas y reguladas en el ordenamiento jurídico español, la vida humana deber ser custodiada “desde su concepción hasta su ocaso natural”.
El fenómeno migratorio junto a los conflictos, la guerras y la violencia en el mundo también adquirieron un rol principal en su discurso, y presentó el rearme como una falsa solución al problema, que debe nacer de otros escenarios como son el diálogo y la justicia.
Para finalizar, León XIV apuntó que el Estado también tiene el deber de salvaguardar el ámbito “más íntimo de las personas”, es decir, la libertad de pensamiento, de conicencia y de religión.
LEÓN XIV
La libertad sobre la que se edifica el Estado contemporáneo, si es auténtica, reconoce la dimensión religiosa del ser humano, la respeta y la tutela jurídicamente; y evita que alguien tenga que renunciar a contribuir a la sociedad en la que vive por causa de su fe.
León XIV subrayó que, aunque no se debe confundir el orden político con el religioso, la libertad de conciencia está “marcada por la tradición cristiana” y que las leyes alcanzan su propósito no cuando se aprueban, si no cuando responden ante la dignidad de la persona.
Ana Torres Fonseca









