Carmen Álvarez Cuadrado
De ser el centro de la Regla de San Benito a ser saqueada por Napoleón y quedar en escombros en 1944 durante la II Guerra Mundial.
Esto pasó en la abadía de Montecassino, un monasterio a unos 130 km de Roma. Y León XIV lo visitó por sorpresa. Lo hizo durante sus vacaciones en Castel Gandolfo. Para la Iglesia y Europa, este lugar es clave. Lo fundó San Benito en el año 529.
Por eso, es la cuna del Ora et Labora, es decir, de la regla benedictina. Los monjes dedicaban varias horas del día a la lectura de textos sagrados. Y lo que podía parecer sencillo, no lo era.
Gutenberg inventaría la imprenta más de 900 años después, así que los libros había que fabricarlos a mano, de principio a fin, y después copiarlos meticulosamente. Lo hacían en los scriptorium, la sala de trabajo dedicada a la conservación de manuscritos.
Montecassino sufrió varios ataques, uno de ellos el de Napoleón. Aunque él jamás la pisó, sus tropas sí. No la destruyeron, pero la saquearon, confiscaron las tierras y disolvieron la orden, obligando a los monjes a huir y salvar su archivo histórico.
El episodio más trágico de Montecassino ocurrió en 1944. La colina frenaba el avance aliado hacia Roma. El 15 de febrero, un fatal fallo de cálculo lo cambió todo: creyendo por error que alojaba tropas alemanas, más de 200 bombarderos la redujeron a escombros.
Después, se reconstruyó tal cual era y, en 1964, Pablo VI reconsagró la basílica y proclamó a San Benito patrón de Europa.
Décadas después, en 2009, Benedicto XVI la visitó al cumplirse 65 años del bombardeo para rezar por la paz, lo mismo que pidió León XIV.










