Daniel del Castillo González
Cada 22 de julio, la Iglesia celebra la fiesta de santa María Magdalena, una de las personas más importantes de los Evangelios y la mujer cuyo papel dentro de la historia del cristianismo resulta especialmente llamativo.
Su recuerdo no se conserva únicamente en los textos bíblicos. En Roma se custodia la reliquia de su pie.
Según la historia de la reliquia, María Magdalena, después de abandonar Tierra Santa, llegó a la Provenza, en Francia.
Desembarcó descalza, y ese pie se convirtió en símbolo del camino que recorrió como discípula de Cristo.
Hoy, peregrinos de todo el mundo se acercan a este lugar para contemplar una reliquia que recuerda la figura de una mujer que pasó de ser salvada por Jesús a convertirse en la primera mensajera de su Resurrección.
Por deseo del papa Francisco, la celebración de santa María Magdalena pasó de memoria obligatoria a fiesta en el Calendario Romano General.
PAPA FRANCISCO
La primera en llegar es ella, María de Magdala. Una de las discípulas que habían acompañado a Jesús desde Galilea, poniéndose al servicio de la Iglesia naciente. En su camino hacia el sepulcro se refleja la fidelidad de tantas mujeres que, durante años, recorren con devoción los senderos de los cementerios, en recuerdo de alguien que ya no está.
La situación de la mujer era muy distinta a la actual. En la sociedad judía de la época no tenía el mismo reconocimiento que el de un hombre.
La figura de María Magdalena también ha estado marcada por algunas confusiones. Durante siglos se extendió la idea de que era una prostituta arrepentida, aunque los Evangelios no dicen eso.
Lo que sí sabemos es que Jesús había expulsado de ella siete demonios, una expresión que indica una profunda liberación y transformación personal tras su encuentro con Cristo.
Daniel del Castillo González











