Al terminar la misa, los fieles presentes en la Basílica comenzaron a cantar La Guadalupana. Entre trajes tradicionales y banderas, la melodía se extendió por todo el lugar, creando un ambiente de devoción y alegría compartida.
El papa León XIV se unió al canto, acompañando a los fieles mientras entonaban la canción mariana. Fue un momento de cercanía y participación, en el que la celebración reflejó la fe y la tradición de los devotos latinoamericanos presentes en el Vaticano.
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