Bajo un chaparrón intenso, en el interior de la cárcel de Bata, se vivió una escena poco habitual. Entre el ruido de la lluvia y el ambiente cargado del lugar, lo presos comenzó a cantar y moverse al ritmo de una oración entonada ante la presencia del papa.
El momento llamó la atención por el contraste: un centro penitenciario conocido por su dureza y por las denuncias que durante años han rodeado sus condiciones, se transformó por unos instantes en un espacio de expresión colectiva, con voces que hablaban de arrepentimiento, fe y deseo de libertad.
Esta es la letra que todos entonaron:
Ora por nuestros pecados y nuestra libertad.
Nos arrepentimos por todo lo que ha pasado en nuestras vidas muchos hemos sido engañados ¡por el diablo!, y sus malas influencias pero tenemos la esperanza de recuperar nuestra libertad.
Somos creyentes y sabemos que nunca seremos olvidados, ¡conforme a la ley, conforme a la voluntad de Dios!
Somos creyentes y sabemos que nunca seremos olvidados ¡conforme a la ley, conforme a la voluntad de Dios!
Nuestro Santo Padre le damos gracias! Ora por nuestros pecados y nuestra libertad!Nuestro Santo Padre le damos gracias! Ora por nuestros pecados y nuestra libertad!
















