Carmen Álvarez Cuadrado
La mayor polémica que León XIV heredó de Francisco fue Alemania y la gestión de su camino sinodal. Pero este papa conoce bien la cuestión, y desde dentro.
LEÓN XIV
Soy consciente de que muchos católicos en Alemania sienten que algunos aspectos del Camino Sinodal celebrado hasta ahora no representan su esperanza para la Iglesia ni su forma de vivirla.
Prevost participó en el diálogo entre el Vaticano y Alemania. Fue un actor importante. Era prefecto de Obispos. Y llegó en 2023, el año en el que la tensión fue más alta.
Los alemanes querían crear un consejo sinodal, un órgano donde el voto de laicos y obispos tuviera el mismo peso. Y el Vaticano les advirtió: las decisiones son responsables los obispos.
STEFAN MÜCKL
Se trata de tomar decisiones junto con los obispos, pero son únicamente los obispos quienes deben responder ante Dios por lo que están haciendo.
De hecho, en la primera reunión Alemania-Santa Sede, Prevost participó. Fue en julio de 2023. Cuatro meses antes, el Vaticano rechazó una de las peticiones alemanas: los laicos no pueden predicar la homilía en la misa, porque está reservado a los ministros ordenados.
Y en noviembre llegó otro “no”, esta vez de parte de Parolin, quien les recordó que solo los hombres pueden ser sacerdotes y la doctrina de la Iglesia sobre la homosexualidad no está sujeta a cambios por parte de una iglesia sinodal.
STEFAN MÜCKL
El ambiente y la relación no pueden calificarse más que de tensos, ya que la Santa Sede ha reiterado en varias ocasiones que este proyecto no es adecuado, que no se ajusta al derecho universal ni tampoco a la eclesiología de la Iglesia católica.
El problema es que, de crearlo, y con poder de decisión vinculante, se estaría erigiendo una estructura paralela a Roma, que podría aprobar temas de la Iglesia universal y no solo local. Lo que hicieron es crear un comité, que sería la previa al Consejo, previsto para 2026.
Tenían pensado votar los estatutos del comité en febrero de 2024, pero les llegó una dura carta del Vaticano, en la que pedían explícitamente que parasen la votación al ir en contra del derecho canónico.
Pero ojo a quienes firmaron esa misiva. Fueron el secretario de Estado, Parolin; el prefecto de la Doctrina de la Fe, Víctor Manuel Fernández; y un tal Robert Francis Prevost, al frente del dicasterio de Obispos y, hoy, León XIV.
Después de ese choque, Alemania y Santa Sede se volvieron a ver dos veces. En la última, en junio de 2024, Roma sugirió un cambio de nombre para ese consejo sinodal para evitar la concepto de poder paralelo. Se aceptó y, desde entonces, es la Conferencia Sinodal.
Los estatutos los aprobaron los laicos alemanes en noviembre de 2025 y los obispos en febrero de 2026. Estos últimos, con matices...
STEFAN MÜCKL
Este estatuto se aprobó por una mayoría muy ajustada, es decir, con un voto más de la mayoría de dos tercios. Creo que se ha introducido una modificación para tener en cuenta las reservas de una minoría muy, muy fuerte, que sin duda también coincide con la postura de la Santa Sede.
De hecho, cuatro obispos, incluido un cardenal, abandonaron el camino sinodal y no reconocen esta nueva conferencia. Otros continúan, siempre que se vaya de la mano con Roma.
Pero el punto está en la toma de decisiones. Si una propuesta sale adelante en la votación, con los laicos incluidos, los obispos que no la puedan implementar tendrán que justificar el porqué.
STEFAN MÜCKL
También del intento de obligar a los obispos que no están de acuerdo a justificarse públicamente, obviamente con la expectativa de críticas muy duras en los blogs, en la prensa secularizada, etcétera.
El Vaticano ya tiene en su mano estos estatutos, presentados por el nuevo presidente de la conferencia episcopal alemana, Heiner Wilmer: un hombre que conoce la curia, cómo funciona la Santa Sede y al que muchos comparan en carácter con León XIV: ¿conseguirán entre los dos un equilibrio para Alemania?






