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Rome Reports

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Entrañable visita del Papa a una parroquia de Roma: Que el dolor no os quite la alegría


La visita a la parroquia de San Paolo della Croce a Corviale será recordada como una de las más entrañables por momentos como este.

“Venga, venga, venga”.
“No puedo hacerlo”.
“Ven conmigo Emanuele. Ven y me lo dices al oído. Dímelo al oído”.

Parecía que el niño simplemente sentía vergüenza por hacer una pregunta en público. Sin embargo se demostró que en realidad lo que le angustiaba era otra cosa mucho más profunda.

FRANCISCO
“Le pedí permiso a Emanuele de exponer en público la pregunta y me dijo que sí. 'Hace poco tiempo que mi padre falleció. Era ateo, pero bautizó a sus cuatro hijos. Era un hombre bueno. ¿Está en el Cielo mi padre?'. Qué bonito que un hijo diga de su padre: 'Era bueno'”.

“¿Dios abandona a sus hijos cuando son buenos?”.
“No”.
“Aquí tienes la respuesta, Emanuele. Dios seguramente estaba orgulloso de tu papá porque es más fácil, siendo creyente, bautizar a los hijos, que bautizarlos siendo no creyente”.

El Papa después visitó a los ancianos de la parroquia. Le explicaron que el barrio está envejeciendo porque los jóvenes se van, pero los mayores quedan.

El Papa les confesó que el encuentro con los niños había sido intenso y reflexionó sobre la juventud y la vejez: recordó que los jóvenes corren pero que los ancianos conocen el camino. También les encomendó una tarea.

FRANCISCO
“Cada uno tiene el propio dolor, cada uno la propia llaga, todos. Pero que esto no os quite la esperanza y no os quite la alegría. Y rezad por mí, por favor. Pero rezad a favor y no en contra”.

Francisco saludó entrañablemente a cada uno de los presentes antes de celebrar Misa en la parroquia.

Allí explicó que lo que de verdad envejece es el pecado.

FRANCISCO
“El pecado cansa el corazón y perdemos un poco la fe en Cristo Resucitado. 'No, no creo, sería mucha alegría esto... Sí, sí, está vivo pero está en el Cielo, en sus asuntos...'. Pero si sus asuntos soy yo. Cada uno de nosotros. Pero esta relación no somos capaces de hacerla”.

Las visitas del Papa a las parroquias de Roma están llenas de momentos entrañables. Son el puente que ayuda al pontífice a no perder de vista a las personas.