Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si continua navegando, consideramos que acepta su uso. Puede cambiar la configuración u obtener más información política de cookies.

Rome Reports

Usted está usando un navegador desactualizado

Con el fin de ofrecer la mayor experiencia a nuestros visitantes utilizamos técnicas de vanguardia en desarrollo web que requieren un navegador moderno. Para poder visualizar esta página, usa Google Chrome, Mozilla Firefox o Internet Explorer 11 o superior.

El Papa en Santa Marta: Para ser la sal y luz del mundo hay que servir a los demás


Durante la homilía en Santa Marta el Papa Francisco dijo que ser cristiano significa edificar y ayudar a los demás en sus momentos más difíciles. 

FRANCISCO
“Sal para los demás, luz para los demás, porque la sal no se sazona a sí misma, está siempre al servicio. La luz no se ilumina a sí misma, está siempre al servicio”.

Francisco pidió que los cristianos no hagan buenas acciones para obtener méritos, sino que busquen ponerse al servicio de las personas pasando desapercibidos. 

EXTRACTOS DE LA HOMILÍA DEL PAPA
(FUENTE: Vatican News)

“Sal para otros, luz para otros, porque la sal no se sazona a sí misma, siempre al servicio. La luz no se ilumina a sí misma, siempre al servicio. Sal para los otros, pequeña sal que ayuda en las comidas, pero pequeña. ¿En el supermercado la sal se vende por toneladas? No... En pequeñas bolsitas, es suficiente. Y después la sal no se vanagloria de sí misma, porque no se sirve a sí misma. Siempre está allí para ayudar a conservar las cosas, para condimentar los alimentos. Siempre está el testimonio”. 

El Señor nos dice así: “Tú eres sal, tu eres luz” - “Ah, es verdad, Señor, es así. Atraeré a tanta gente y haré...”. No, así harás que los demás vean y glorifiquen al Padre. Ni siquiera te será reconocido algún mérito. Nosotros cuando comemos no decimos: “¡Ah, qué rica la sal! ¡No! Rica la pasta, rica la carne. De noche cuando vamos para casa, no decimos: “Qué buena la luz”, no. Ignoramos la luz, pero vivimos con aquella luz que ilumina. Ésta es una dimensión que hace que nosotros cristianos seamos como anónimos en la vida”. 

“Esta es la santidad de todos los días. Que el Señor nos ayude a entender esto”.