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Francisco en Santa Marta: Los cristianos que buscaron imponer fracasaron


En su homilía en Casa Santa Marta Francisco reflexionó sobre la humildad. Recordó que Jesús rechazó la tentación de la grandeza. Dijo que cuando no se supera esa sed de poder los proyectos cristianos se derrumban. 

FRANCISCO
Lo hemos visto en los grandes proyectos de la Historia: cristianos que buscaron imponerse, con la fuerza, con la grandeza, con las conquistas... Pero el Reino de Dios brota en lo pequeño.

Durante la celebración estaban presentes los miembros del Consejo de Cardenales. Desde el lunes hasta el miércoles se reúnen con el Papa para estudiar la reforma de la constitución de la Curia.

EXTRACTOS DE LA HOMILÍA DEL PAPA

La redención, la revelación, la presencia de Dios en el mundo comienza de esta manera y siempre es así. La revelación de Dios se hace en la pequeñez. Pequeñez, ya sea humildad, o muchas cosas, pero en la pequeñez. Los grandes se presentan poderosos, pensemos en la tentación de Jesús en el desierto, en que Satanás se presenta poderoso, dueño de todo el mundo: “Yo te lo doy todo, si tú....”. En cambio, las cosas de Dios comienzan brotando a partir de una semilla, pequeñas cosas. Y Jesús habla de esta pequeñez en el Evangelio.

En una comunidad cristiana donde los fieles, los sacerdotes, los obispos, no toman este camino de la pequeñez, no hay futuro, se derrumbará. Lo hemos visto en los grandes proyectos de la historia: cristianos que trataban de imponerse, con la fuerza, la grandeza, las conquistas... Pero el Reino de Dios brota en lo pequeño, siempre en lo pequeño, la pequeña semilla, la semilla de la vida. Pero la semilla por sí sola no puede. Y hay otra realidad que ayuda y que da fuerza: “Ese día, brotará una yema del tronco de Jesé, brotará un retoño de sus raíces. Sobre él se posará el espíritu del Señor”.

Así lo dice Santo Tomás, he aquí la síntesis: “No tengan miedo de las cosas grandes – hoy también nos lo muestra San Francisco Javier – no se asusten, ir adelante pero al mismo tiempo, teniendo en cuenta las cosas más pequeñas, esto es divino”. Un cristiano siempre parte de la pequeñez. Si yo en mi oración me siento pequeño, con mis limitaciones, mis pecados, como aquel publicano que oraba en el fondo de la iglesia, vergonzoso: “Ten piedad de mí que soy un pecador”, irás adelante. Pero si te crees un buen cristiano, rezarás como aquel fariseo que no salió justificado: “Te doy gracias, Dios, porque soy grande”. No. Damos gracias a Dios porque somos pequeños.

Javier Romero