Carmen Álvarez Cuadrado
El agustino español Luis Marín se estrena su nuevo cargo, encomendado personalmente por León XIV. Es su limosnero pontificio, lo que viene a ser el medio para que la caridad del papa llegue a los más necesitados de todo el mundo. Él mismo lo ha explicado a medios vaticanos.
La Iglesia no es solo teoría, no es solo doctrina, sino que es también práctica, es el Evangelio vivido, testimonio de caridad. Y ver tanta participación generosa es para mí motivo de gran alegría.
Su primera parada ha sido esta. Es la basílica greco-católica de Santa Sofía, en Roma; el centro neurálgico de envío de ayuda a Ucrania. Lo están viendo aquí. Montañas de material de primera necesidad que van a este camión. Es el envío número 150.
Hemos recogido todo lo que pueda servir, pensando especialmente en las necesidades de los más vulnerables, los enfermos y los niños. Para ellos se han donado sobre todo medicamentos, paquetes familiares, productos de higiene, mantas isotérmicas, alimentos y mucha ropa de excelente calidad.
Pero la ayuda del papa a través de su limosnero no ha llegado solo a Ucrania. También al Líbano, donde se han enviado 15.000 cajas de medicamentos, que distribuirá la nunciatura del país.
Es muy importante la labor de sensibilización para dar a conocer lo más ampliamente posible cuál es la terrible realidad de la guerra, las necesidades que genera y cómo se puede colaborar concretamente para ayudar a quienes sufren.
Es su objetivo ahora como prefecto de la Caridad y limosnero: ser los ojos y las manos del papa en los lugares donde más se necesita el abrazo de un pontífice.














