Tras finalizar su último evento en Madrid y aterrizar en Barcelona, la primera parada del papa fue a la catedral de la ciudad, donde cientos fieles lo estaban esperando para darle la bienvenida.
Una vez dentro, el pontífice rezó la Hora Media y, después, se dirigió hacia el sepulcro de Santa Eulalia, mártir cristiana de los primeros siglos, donde tuvo unos minutos de oración, acompañado del cardenal Omella.







