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Rome Reports

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Francisco en Santa Marta: El orden sacerdotal es un don, no una lista de funciones


Durante su homilía en Casa Santa Marta el Papa reflexionó sobre un peligro que acecha a los sacerdotes: reducir su ministerio a una lista de deberes u obligaciones. El Papa dijo que eso hace que se pierda la esencia del ministerio sacerdotal.

FRANCISCO
No es un pacto de trabajo: "Yo tengo que hacer", el hacer está en segundo plano; yo debo recibir el don y custodiarlo como un don y de ahí todo fluye. Cuando nos olvidamos de esto, nos apropiamos del don y lo transformamos en una función, se pierde el corazón del ministerio.

Entre los asistentes estaban los miembros del Consejo de Cardenales. También un arzobispo emérito italiano, el cardenal Edoardo Menichelli, que cumplía 25 años de su ordenación episcopal.

EXTRACTOS DE LA HOMILÍA DEL PAPA
(Fuente: Vatican Media)

No es un pacto de trabajo: "Yo tengo que hacer", el hacer está en segundo plano; yo debo recibir el don y custodiarlo como un don y de ahí todo fluye, en la contemplación del don. Cuando olvidamos esto, nos apropiamos del don y lo transformamos en función, perdemos el corazón del ministerio, perdemos la mirada de Jesús que nos ha mirado a todos y nos ha dicho: "Sígueme", perdemos la gratuidad.

De esta falta de contemplación del don, del ministerio como don, surgen todas aquellas desviaciones que conocemos, desde las más feas, que son terribles, hasta las más cotidianas, que hacen que centremos nuestro ministerio en nosotros mismos y no en la gratitud del don y en el amor hacia Aquel que nos ha dado el don, el don del ministerio.

Hay un hombre que era bueno, un buen fariseo, pero que había olvidado el don de la cortesía, el don de la convivencia, que también es un don. Siempre se olvidan los dones cuando hay algún interés detrás, cuando yo quiero hacer esto, hacer, hacer. Sí, los sacerdotes, todos nosotros, debemos hacer cosas y la primera tarea es proclamar el Evangelio, pero debemos custodiar el centro, la fuente, de donde brota esta misión, que es precisamente el don que hemos recibido gratuitamente del Señor.