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Rome Reports

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Papa en Santa Marta: Jesús no se avergüenza de nosotros. Vino a salvar a los pecadores


Durante la homilía en Casa Santa Marta el Papa reflexionó sobre la compasión de Dios. Recordó cómo Jesús no se dejó impresionar por la gravedad de las enfermedades o los pecados de las personas con las que se cruzó en su vida.

FRANCISCO
“Él no se avergüenza de nosotros. “Oh, padre, yo soy un pecador, ¿cómo voy a decir eso?” Mejor. Porque Él vino precisamente por nosotros, los pecadores, y cuanto más pecador eres, más cerca de ti está el Señor”.

El Papa recordó que Jesús no solo vino a predicar la ley sino que para cumplir su misión se dejó guiar por la compasión y se compadeció de la Humanidad hasta entregar su vida por ella. 

EXTRACTOS DE LA HOMILÍA DEL PAPA

Fuente: Vatican News

La compasión involucra, viene del corazón e involucra y te conduce a hacer algo. Compasión es padecer con, tomar el sufrimiento del otro sobre sí para resolverlo, para sanarlo. Y ésta fue la misión de Jesús. Jesús no vino a predicar la ley y después se fue. Jesús vino en compasión, es decir, a padecer con y por nosotros y a dar su propia vida. El amor de Jesús es tan grande que la compasión lo llevó precisamente hasta la cruz, a dar su vida.

"Señor, si tú quieres puedes sanarme; si tú quieres puedes perdonarme; si tú quieres puedes ayudarme". O si quieren que lo diga un poco más ampliamente: "Señor, soy pecador, ten piedad de mí, ten compasión de mí". Oración sencilla, que se puede decir muchas veces al día. "Señor, yo pecador, te pido: ten piedad de mí." Muchas veces al día, interiormente desde el corazón, sin decirlo en voz alta: "Señor, si tú quieres, puedes; si quieres, puedes". Ten piedad de mí". Repetir esto.

Él no se avergüenza de nosotros. "Oh padre, yo soy un pecador, ¿cómo iré a decir esto?..." ¡Mejor! Porque Él vino precisamente por nosotros los pecadores, y cuanto más grande pecador tú eres, más cerca de ti está el Señor, porque vino por ti, el más grande pecador, por mí, el más grande pecador, por todos nosotros. Tengamos la costumbre de repetir esta oración, siempre: "Señor, si quieres, puedes". Si quieres, puedes", con la confianza de que el Señor está cerca de nosotros y su compasión tomará sobre sí nuestros problemas, nuestros pecados, nuestras enfermedades interiores, todo.